Los niños menores de 15 años que viven en países afectados por conflictos prolongados tienen un promedio de casi tres veces más probabilidades de morir a causa de enfermedades diarreicas causadas por la falta de agua potable, saneamiento e higiene que por los efectos directos de la violencia (UNICEF, 2019).

La realidad es que hay más niños que mueren por falta de acceso al agua potable que por las balas

Sin servicios seguros y eficaces de agua, saneamiento e higiene, los niños corren el riesgo de sufrir desnutrición y de contraer enfermedades prevenibles como la diarrea, la fiebre tifoidea, el cólera y la poliomielitis.

Las niñas se ven especialmente afectadas, ya que pueden ser víctimas de la violencia sexual cuando van a buscar agua o se aventuran a utilizar letrinas. Tienen que sufrir afrentas a su dignidad mientras se bañan y gestionan su higiene menstrual, y faltan a clase durante la menstruación si sus escuelas no tienen instalaciones adecuadas de agua y saneamiento.

Estas amenazas se agravan en tiempo de conflictos, cuando los ataques deliberados e indiscriminados destruyen la infraestructura, lesionan al personal e interrumpen el suministro eléctrico que mantiene en funcionamiento los sistemas de agua, saneamiento e higiene. Los conflictos armados también limitan el acceso a los equipos de reparación y a bienes de consumo esenciales, como el combustible o el cloro, que pueden agotarse o quedar a expensas del racionamiento, el desvío o el bloqueo de su entrega. Con demasiada frecuencia se interrumpen deliberadamente los servicios esenciales.