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Cerca de 800.000 personas se quitan la vida cada año

Anualmente, cerca de 800 000 personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo (OMS, 2017). No solo se produce en los países de altos ingresos, sino que es un fenómeno global que afecta a todas las regiones del mundo.

Si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales (en particular los trastornos relacionados con la depresión y el consumo de alcohol) está bien documentado en los países de altos ingresos, muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como los problemas financieros, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicos.

Asimismo, estrechamente ligadas a conductas suicidas están: las experiencias relacionadas con conflictos, desastres, violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento.

Las tasas también son elevadas entre los grupos vulnerables objeto de discriminación: refugiados y migrantes; personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales, intersexuales; reclusas o comunidades indígenas, entre otros.

Los suicidios son prevenibles. Sin embargo, su prevención no se ha abordado apropiadamente debido a la falta de sensibilización respecto del suicidio como problema de salud pública principal y al tabú existente en muchas sociedades para examinarlo abiertamente.

En la actualidad, unos pocos países han incluido la prevención del suicidio entre sus prioridades sanitarias, y solo 28 países han notificado que cuentan con una estrategia nacional de prevención del suicidio.